jueves, 5 de junio de 2014

May b

Es algo así como estar en un contante bienestar contigo misma. La certeza de que eres feliz aunque pueda tener un fin tan próximo como lejano. La sensación de sentirte bien, de estar bien porque no hay nada en tu cabeza, ni en tu conciencia, ni en tu corazón que lo impida sino todo lo contrario. En tu cabeza, en tu conciencia y, sobretodo, en tu corazón toda felicidad está potenciada por algo que sin saber muy bien cómo, ha conseguido entrar en alguna cavidad que dejaste hueca y por algún despiste no tomaste la precaución de cubrir. Sin embargo, y es lo que más te asusta, el no haber cerrado ese despiste no te da miedo, no es algo de lo que te preocupas. 

Estoy aprendiendo que el resultado de todo no se hace con cálculos ni horarios, encajar cada cosa en su lugar no siempre es necesario porque, la mayoría de las veces, las cosas encuentran su lugar por si solas. Simplemente dejar que todo fluya es muchas veces la mejor opción para ser feliz.

Estoy en una etapa de mi vida en la que me estoy tomando muy en serio la frase de "Vive como si este día fuera el último de tu vida". ¿Me va mejor así? Bueno, me siento mejor. Los momentos de felicidad parecen tan inmensos que a penas les deja tomar importancia a los problemas. 

Espero que dure mucho esta sensación. Este control del caos de mi felicidad. Espero ser feliz mucho más tiempo, sentirme bien tal y como hoy me siento. Siempre he tenido muchísimas razones para dar gracias a muchas personas diferentes. Soy de las que suelen agradecer. Sigo sintiéndome afortunada. Que sea así por largo tiempo. Gracias.


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viernes, 11 de abril de 2014

ENERO

Y ahora, lo único que sé y lo único que tengo seguro en mi vida, es que no estoy preparada para nada. Mi vida se basa en una constante adaptación de mí misma en situaciones con mayor o menor grado de dolor psicológico.

No siento estar preparada para nada. No estoy preparada para el amor ni para la muerte. Ni para la inseguridad ensordecedora de la felicidad o para el más apresurado adiós. No estoy preparada para empezar ni para terminar nada. No estoy preparada para la muerte y mucho menos estoy preparada para la vida.

Y me da miedo vivir porque me estoy dando cuenta de que la vida es una constante adaptación. Y puedo adaptarme, estoy diseñada para eso. Y quizás es más positivo de lo que creo, pero a veces me siento una máquina que no es capaz de sentir lo que los demás, que debería sentir mejor. Más dolor, más felicidad. No más cantidad sino más constante. Yo aguanto hasta que llega un momento de felicidad o un momento de ira. Exploto por dentro y me invade una tristeza infinita o me sacio de ilusiones por un amor. Llevo mis sentimientos a extremos durante un corto período. Cortísimo. Y me pregunto como será vivir una etapa en la que todo vaya bien. El otro caso, ya lo he vivido. No hace falta tener superpoderes o ser una maga para desear ser una chica normal. Que tenga unos padres unidos y prósperos que les facilite su vida, y no al revés. Yo me imagino eso como vida normal. Y en verdad, no lo deseo.



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viernes, 28 de febrero de 2014

Cambios

En la realidad de mi mente he decretado dos espacios en mi vida. He tenido que hacerlo porque las ideas se entrelazan y confundo realidades y al final, siempre salgo escaldada. Si bien es cierto que dividiendo mi mundo en dos realidades mi vida no está siendo mejor, por lo menos veo las cosas un poco más nítidas.

He dividido los recuerdos en dos espacios de mi mente que son intrelazables. Unos son los recuerdos del pasado, y el otro son los recuerdos del presente. Es decir, las realidades que ya han terminado y las realidades que estoy viviendo. Las personas que se han ido están en la realidad finalizada, y las personas con las que convivo, al menos en mi mente, están en mi realidad presente. Las personas que están en mi realidad presente no tengo por que verlas todos los días, no tengo por que hablar con ellos frecuentemente, ni si quiera tengo que pensar en ellos, pero están en mi realidad presente porque nuestra relación no ha acabado.

Las personas que pertenecen al pasado, están en el pasado. No las olvido pero no acostumbro a recordarlas porque por lo general, duelen. Son personas o momentos que: o no volverán o yo no volveré a sentirme igual que cuando esos momentos o personas pertenecían a mi realidad presente. No digo que el pasado no vuelva, de hecho creo que siempre vuelve, digo que yo no seré la misma cuando vuelva. Porque con cada realidad presente que tengo que convertir en realidad pasada (proceso agridulce) cambio yo.

De alguna forma cambio. Porque la vida es cambio y yo cambio con ella.


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jueves, 16 de enero de 2014

Que todo pase

Pasa el tiempo y todo cambia. Sin darte cuenta, van pasando cosas a lo largo de tu vida que te transforman. Tu mentalidad cambia, tu cuerpo cambia, el  modo de dar y de expresar cariño cambia, cambia tu andar, cambian tus ideas, cambian tus metas, cambias tú.

Pasa el tiempo y lo único de lo que puedes lamentarte es de que el tiempo haya pasado sin ni siquiera darte cuenta. No entiendes a dónde se han escapado todos esos años, en que momento te dejaste de preguntar las cosas más sencillas sin haberlas llegado a comprender jamás. Sí, el tiempo pasa y todo lo que está a tu alrededor está envejeciendo como tú, o por el contrario está naciendo y lo único que sientes hacia eso que nace es lástima. Cuando el tiempo pasa, paras un instante en tu vida a pensar en cuantas aventuras has vivido, con cuantas personas has compartido aunque sea un mínimo instante de tu existencia, puede llegar a darte miedo como el miedo que me da a mí. Piensa en todas las oportunidades que has perdido y piensas mil futuros equidistantes a tu vida que jamás sucederán porque un día escogiste el otro camino, un camino al que podrías llegar a calificar "erróneo". 

Pasa el tiempo y cuando el tiempo pasa, todo ha pasado también. El dolor ya no duele tanto, la Luna no es tan pálida y las flores no florecen en Abril. Solo a los que se les pasa la vida sienten que la vida pasa, que el tiempo pasa, que todo pasa.

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sábado, 28 de diciembre de 2013

Just

A veces, la gente que te quiere no sabe expresar lo que siente. A veces, las personas son cobardes y tienen miedo. A veces, la gente muere sin decir esa cosa que se moría por decir. A veces, nos entusiasmamos tanto por nada y por algún motivo escondemos esa felicidad. A veces, corremos el riesgo, sólo por el morbo de ser amados y dañados a la par. A veces, preferimos escondernos tras antifaces que elaboramos a lo largo de nuestra vida con gran esfuerzo y con un propósito obvio, no ser malheridos jamás. A veces, las personas nos quieren y a veces eso conlleva la soledad posterior de quien lo ha tenido todo y esa es la  más horrible.

Pero a veces, solo a veces, somos capaces de alcanzar la verdadera felicidad. Nunca por un largo tiempo (o al menos nunca nos parece largo el período) pero si buscamos en los ojos correctos, en el café adecuado y con las palabras idóneas podríamos llegar a vislumbrarla. Por eso, y no por otra cosa, es tan complicado ser feliz. Han de concordar cuerpo, cabeza y corazón para adquirir esa ventura. No debemos ser pedantes, ni orgullosos, ni avariciosos, ni malvados, ni reprochadores, ni... bueno, lo mejor es que no seamos nosotros mismos. Qué complicado se puede convertir algo tan simple.

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domingo, 1 de diciembre de 2013

The memory is cruel

Con el paso del tiempo vamos creando nuestra persona a base de experiencias, de datos y de anhelos. Miramos atrás y nos damos cuenta de que sí, se ha cumplido. Aquello que nuestros padres decían, esa frase que nos cansamos de oír se ha cumplido; "cuando crezcas lo entenderás". ¿Y ahora que muchas de las cosas que antes no cuadraban las comprendo, qué? ¿Qué se supone que debo hacer ahora con esto que he aprendido? Las pocas cosas que tengo claras en esta vida no son muy optimistas y no soporto la idea de esperar a entender todas aquellas cosas que aún me quedan suspendidas en la conciencia. He tardado dieciséis años en vislumbrar los mínimos conceptos que tengo de la vida y ahora que los tengo claros veo que no me sirven, que antes era más feliz. 

Porque antes no creía que nadie fuera a hacerme daño, entonces aún tenía esperanzas y no solo en la gente si no también en mí misma. Cuando eres pequeña crees que sabes como va esto pero no es cierto hasta que creces no lo entiendes y es entonces cuando le tienes que dar razón a tus padres, aunque te joda. 

Y creo que no es bueno ser así pero con mis experiencias, mis datos y mis pocos anhelos no puedo ser de otra forma.


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jueves, 7 de noviembre de 2013

Make

Y no sé, es siniestro. ¿Como podemos ser tan infelices siendo tan jovenes? ¿Por qué estamos diseñados para sufrir? Porque estamos diseñados para eso, ¿no? Porque sino es que estamos en mal funcionamiento.

 Por favor, que venga alguien a arreglar este destrozo que esto está yendo a un averno sin retorno y no podremos salir jamás. Nuestros engranajes han perdido el lubricante a causa de caladas y ya no hay batería ensoñadora en mi maquinaria interna. Todo dentro de mí ha perdido el hilo de la vida, he dejado de entenderos, de entenderme propiamente y he dejado de intentarlo. Porque he comprendido que vosotros estais tan rotos como yo. Así que, ¿para qué destrozarnos más? Que cada uno sea infeliz por su cuenta y si nos encontramos será hermoso. Que quizás de aquí a un tiempo encontremos a alguien que nos enchufe una dosis revitalizante de ansias. 

 Puede que encontremos a alguien que esté roto de forma que nuestras roturas encajen a la perfección y entonces sí, eso sí que será bello. 


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jueves, 3 de octubre de 2013

Plu

Entiendo por qué la gente odia la lluvia. Siempre parece estar molestando, apareciendo en el momento más inadecuado y sin ninguna finalidad concisa. La lluvia es una molesta anomalía.

A nadie en su sano juicio le gusta llegar empapado a casa, con el pelo pingando, la ropa con un horrible olor a húmedo y el frío calándose hasta los huesos. ¿A quien le gusta eso? O estar dando un paseo y no poder sentarte en el banco de siempre o en las escaleras de la plaza. A nadie le gusta tener que adaptarse, y mucho menos tener que adaptarse a algo que no entendemos por que justo tiene que aparecer en el momento en el que estás saliendo a la calle o justo el día en el que tenías que llegar perfecta a esa cita. La lluvia siempre está incordiando.

Y está incordiando por que es más fácil quejarse de ella que adaptarse. Es complicado el hecho de cambiar la forma de ver los días de lluvia. Darse cuenta de que lo que ves a través del cristal de tu ventana cuando está salpicado de gotas no es el mismo paisaje que sin las susodichas gotas. No has parado a pensar que una flor con el rocío es aún mejor, si cabe. Porque no te das cuenta de que un día de lluvia no tienes que sacar instintivamente el paraguas o ir directamente a resguardarte, que también está la opción de seguir andando y mirar hacia arriba y notar como las gotas heladas te despejan la mente y te relaja los músculos, actuando como el mejor exfoliante social.

Porque no hay tiempo de cuestionarse las cosas. Nos las inscriben desde el principio. Lluvia mal, Sol bien. Y así estamos.


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domingo, 18 de agosto de 2013

Pass

Es esa sensación cuando logras algo que has trabajado con sudor y sangre. Es esa sensación de haber llegado a tu destino por tu propio pie, sin ninguna otra viagra que tu propia motivación y cabezonería. Es esa sensación de haber superado tus obstáculos, haber apartado los tojos del camino que pudieran lastimarte.

Porque aprendes que dar patadas a las piedras que te obstruyen el camino solo consigue que las piedras sigan delante de ti, que lo mejor es ignorarlas y seguir, pisarlas y seguir. Porque cuando llegas a tu destino y vives lo que antes te parecía un futuro soñoliento y casi fantástico, demasiado hermoso para alguien como tú, sientes que las piedras, los tojos, las abejas, el sudor y la sangre en verdad no importan porque simplemente ya no están. Se quedaron en alguna parte de camino y seguirán sin ti y tú seguirás sin ellos. Podrá haber más caminos, más dolor y más sangre pero te has dado cuenta de que lo único que puede impedirte llegar eres tú mismo.

En tu vida no hay nada más fuerte que tú y es por eso que cada camino es una enseñanza, cada tropiezo una lección y que en la vida no se suspende jamás si te empeñas. Si consigues un apoyo, una motivación, siempre habrá otro camino en el que puedas demostrarte a ti y al mundo que puedes aprobar el duro examen de la vida.


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miércoles, 26 de junio de 2013

TONTA

Dejas que la gente entre y salga de tu  vida a su antojo. No pones barreras a los que conoces y menos a los que amas. Dejas que todo el mundo decida cuando irse y cuando quedarse, cuando aparecer y cuando desaparecer de nuevo.

Permites que jueguen contigo, que te ilusionen, dejas que te hagan feliz y finges no estar triste. Cuando se van intentas engañarte a ti e intentas engañarlos a todos. A ellos les engañas pero en ti nunca se cuela la mentira. Te hacen daño y sonríes creyendo que estás bien, haciéndote creer que lo estás. Pero después e todos los bochornos, de todas las despedidas que no diste y de todos los reproches que te callaste y guardaste en un profundo y case imperceptible tú, sigues sonriendo. Fingiendo y ocultando tu interés. Porque en el fondo, lo único que quieres es que vuelva. Sí, otra vez. Porque prefieres una vida repleta de altibajos con esa persona que un constante vacío sin ella.

Y llámame tonta porque tal vez lo sea pero aprecia también mi empeño en ser feliz porque en realidad es lo único que busco.

 
 
 
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